(corpúsculos)

minúscula selección de parafilias

Jorge Oteiza..

ya te lo han celebrado ya tuviste tu banquete ya es sensata la juvenil revista el consejo de ancianos lo proclama ya está asegurada tendero periodista ya está vendida las verdades del arte nuevo no prevalecerán contra ellos ahí tienes los sellos a La Habana te irás y el pasaporte y el demonio en cuanto huela el olor del director huirá otra vez por su camino a las regiones más altas de Egipto y como todos decís sí que ya estaba maduro el ciclostil y el perro de pie con su mueca de platillo entre los dientes con el halago de la cola mostraba su contento

“ …los tiempos, el arte, las ideas del artista, la paciencia del artista, todo va cambiando. Entre nosotros el artista va adquiriendo conciencia de que a nuestro pueblo ni le interesa el arte, ni tiene motivos para entender algo de arte, ni humor, ni tiene ya humor el artista entre nosotros para seguir colgando cuadros como un tonto. ¿A quién servimos con esta falsa actividad del artista? sin duda que no al arte ni a los artistas ni a un pueblo. ¿Qué hacer entonces? Quizá en las paredes de las exposiciones vacías colgar un letrero que diga “Aquí ya no se expone más arte, aquí el artista se reúne para pensar qué debe hacer porque está harto”. Y efectivamente, anunciar en los periódicos que sigue abierta la exposición con ese letrero. Y reunirse el artista con sus compañeros y con el público que asista a la lectura de este letrero y tratar de explicaros la situación y el remedio. ”

—    (Jorge Oteiza)

Desocupación de la esfera- Oteiza

El estilo, Jorge Oteiza

El estilo, oblicuo u ondulante, del bertsolari no puede traducirse en línea recta. El ángulo recto, el razonamiento geométrico, el poeta que cuenta las sílabas con los dedos, son coherencia lógica, de medida, de inseguridad ante la naturaleza, con los ojos abiertos siempre, que hace que todas las artes sean espaciales, de medida visual, en la tradición latina. En el vasco el arte le vuelve a la naturaleza, su estilo es como ella, sentimiento y libertad. En la tradición latina visualmente se puede sólo ver, en la tradición vasca visualmente se puede oír, se puede confiar en la naturaleza, se puede cerrar los ojos, sumergirse en uno mismo para ver más, con un estilo confiado, libre, temporal. Con la comprensión visual del silencio-cromlech, el estilo vasco se identifica con el de la naturaleza exterior, en cuya voz, en cuyo canto, podemos reconocer hoy el canto que conduce el monólogo interior del bertsolari lo mismo que el comportamiento como de río, como de canción natural, que está en nuestra vida y en nuestras tradiciones. El cromlech pone ante nuestros ojos abiertos aquello que hemos aprendido a ver cuando cerramos los ojos. Cerrar los ojos es suspensión espiritual, se borra la expresión, se desocupa el espacio, convirtiéndolo en sitio receptivo para la actividad de la conciencia, en espacio-iglesia.

qué era yo?
estaba ya en mi borde mismo
quién sabe lo que uno es
al borde de lo que es uno
a punto de no ser

ah, soy yo, Señor
libro que deshojas contra el viento
ya entonces oí unos pasos en el aire
saqué mi cuerpo fuera de la ventana abierta
sentí que me empujaban
y comencé a volar


(La apuesta, Jorge Oteiza)